En la convención nacional de la American Truck Historical Society (ATHS), el rugido de los motores clásicos volvió a escucharse. Desde joyas de principios del siglo pasado hasta modelos noventeros, la muestra reunió camiones restaurados que hoy son verdaderos tesoros rodantes.
La cita fue un viaje al pasado con olor a diésel, donde se exhibieron vehículos que marcaron época y todavía pisan fuerte gracias al cuidado de sus dueños. Uno de los más aplaudidos fue el GMC 860 del 59, con tanque para leche y motor Detroit 6-71. Lo usaron para llevar ganado y productos lácteos, pero hoy es una pieza de colección en manos de Jim Francis, camionero y granjero de Illinois. Lo compró en los 80 y lo mantiene impecable.
Otro que atrajo miradas fue el Ford AeroMax de 1991. Su dueño, Mike Middleton, lo soñó desde que tenía 14 años. Años después, se hizo con uno que había recorrido más de un millón de millas. Hoy lo saca de paseo solo para eventos especiales… y todos se dan vuelta a mirarlo.
También estuvo presente el clásico Kenworth 921 del 63, que alguna vez transportó madera por el Pacífico Noroeste. Craig Vogel lo rescató en 2014 y le hizo un lavado de cara total: motor nuevo, caja renovada y toda la pinta de cuando recién salió al asfalto.
La ATHS organiza este tipo de encuentros desde hace más de 40 años. Su misión es clara: mantener viva la memoria del transporte y rendir homenaje a los camiones que ayudaron a mover el país.
*Con información de Fleet Owner
